LA HISTORIA DEL HOTEL LLAO LLAO, EMBLEMA DE BARILOCHE

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Se construyó hace 80 años y siempre fue una de las postales más conocidas de la ciudad. Comenzó como el sueño de un arquitecto y hoy es la imagen más conocida de Bariloche. 

Hace 80 años, Bariloche era una pequeñísima porción de lo que es actualmente pero ya tenía algunas cosas que lo identificaban: un parque nacional recientemente creado, un entorno natural único e inigualable y allá, a 25 kilómetros de la incipiente ciudad, se levantaba el hotel más conocido de la ciudad, y por qué no, del país.

La elección del lugar no fue tarea sencilla, dado los escenarios naturales que tiene Bariloche. Cuenta la historia que Exequiel Bustillo, quien fue el primer presidente de la Asociación de Parques Nacionales, salió a recorrer la zona para encontrar el punto exacto donde construir el hotel.

Bustillo no fue solo, sino que estuvo acompañado por Antonio Lynch, Ernesto Serigós, el Marqués de Salamanca, Carlos Ortiz Basualdo, su hermano el arquitecto Alejandro Bustillo, Francisco Salvatierra y Alberto del Solar Dorrego, experto en golf.

Tras encontrar el maravilloso rincón, con una colina natural donde se imaginaron el hotel, hubo un concurso para el diseño, que fue ganado por Alejandro Bustillo, quien había prometido que en caso de que se eligiera su proyecto, lo haría “ad honorem”. La construcción estuvo a cargo de La Compañía General de Construcciones.

El 9 de enero de 1938 se inauguró lo que Alejandro Bustillo había soñado inspirado quizás en las obras de otros lugares similares, como Yellowstone, el primer parque nacional creado en Estados Unidos. Así, con una obra que demandó dos largos años de construcción, Bariloche abría las puertas del famoso hotel, propiedad del Parque Nacional Nahuel Huapi.

“La inauguración contó incluso con la presencia del presidente de aquel entonces, Agustín Justo”, recordó Nora Espector, actual community manager del establecimiento hotelero, pero quien lleva más de dos décadas de trabajo en el “Llao”, como suele nombrarlo. A lo largo de sus años allí, Nora supo especializarse en la historia detrás del emblema y es casi una especialista en el tema.

La obra original fue confeccionada íntegramente en madera, con tejuelas de alerce y basamento de piedra. En aquel entonces, el hotel contaba con 132 habitaciones, una sala de té, galería comercial y un restaurante para 500 personas. Por necesidades de la época y su lejanía con la ciudad, tenía una oficina postal, telégrafo, una sucursal del Banco Nación y una farmacia.

A pesar de la tecnología usada en aquel entonces, un incendio lo redujo a cenizas el 27 de octubre de 1939. Bustillo vio así, desaparecer su sueño arquitectónico, pero lejos de desanimarlo, en pocas horas resolvieron la reconstrucción.

“Parece increíble que en esa época, cuando las comunicaciones eran un imposible prácticamente, se decidiera tan rápido reconstruir el hotel”, reflexiona Nora mientras mira una fotografía de una nota publicada en el diario La Nación, el 28 de octubre, un día después del fatídico incendio. En ese momento, ya se sabía que volverían a levantar la inmensa obra.

En una época donde la arquitectura neoclásica primaba en los grandes edificios, Alejandro Bustillo apostó y re-apostó por líneas simples, con aires de montaña. Así volvieron a levantar el Llao Llao, pero con nuevos agregados: esta vez, la piedra primaba por sobre la madera, para evitar nuevos siniestros.

En un tiempo récord, con la colaboración de especialistas de cada parte de la construcción, volvieron a abrir sus puertas el 15 de diciembre de 1940. Era el primer hotel internacional de renombre en la Patagonia y eso le mereció la visita de destacadas personalidades de la época. “Era un momento donde el país estaba en lo más alto y la aristocracia de Argentina venía a visitar el Llao Llao”, indicó Nora.

Los años de esplendor del Llao Llao le valieron ser protagonista en distintos ámbitos. Se filmó una película 80 años atrás, e incluso en 1970, la imagen del hotel en la loma que lo hace ser visible desde distintas partes, fue también la cara del billete de 1 peso en 1970.

A pesar de ser propiedad de Parques Nacionales, el hotel era dado en licencia a distintos empresarios. En 1978 cerró sus puertas, después de varias fallidas administraciones. “Fueron largos y tristes años donde el edificio cayó en completo abandono. Había un cuidador que incluso tenía un caballo viviendo adentro”, recordó Nora.

La historia del Llao Llao abrió un nuevo capítulo en 1992 cuando City Corp toma las riendas del edificio y le dio un giro completamente distinto. “El hotel había funcionado en otras épocas, con otros conceptos. La gente venía a instalarse por varios meses con empleados y todo, y había dormitorios que eran destinados para el personal”, explicó la “dama del Llao Llao” como supieron mencionar a Nora años atrás.

Así, tras largos meses de redecoración y reacomodamiento, el 3 de julio de 1993 el hotel volvió con todo su esplendor. “Devolverle la vida al Llao fue un hito. Era el Titanic del país”, remarcó la mujer con un brillo en los ojos que demuestran el cariño que siente por el famoso edificio.

City Corp estuvo al frente de la firma hasta 1997, año en que lo compran los actuales propietarios, el Grupo Sutton Dabbah y el grupo IRSA. Allí comenzó una nueva etapa del hotel que incluyó reformas y mejoras.

Remodelar el hotel no era una opción porque se trata de un monumento histórico que no puede ser reformado a grandes rasgos. Allí surgió la idea de construir una parte nueva, que hoy se conoce como el Ala Moreno y es la elegida por las personalidades destacadas que llegan constantemente.

Para construir este ala que cuenta con 43 estudios y suites se aprovechó la pendiente del terreno y se erigió una fantástica obra donde cada habitación tiene una vista privilegiada al lago Moreno y a las imponentes montañas de fondo. La nueva parte del hotel se inauguró en noviembre de 2007.

El Llao Llao cuenta actualmente con 203 habitaciones, lo que le da capacidad para más de 400 personas, un número igual a la cantidad de trabajadores que tiene la firma y que a diario, se desempeñan para continuar manteniendo el nivel del establecimiento.

Nora indicó que tiempo atrás desde la firma decidieron dejar de denominarse “hotel” para pasar a ser un “resort”. La diferencia radica en los servicios que ofrecen y lo que el huésped tiene a disposición para hacer.

Además de la famosa cancha de golf de 18 hoyos, catalogada por Nora como “una de las más lindas del mundo”, el establecimiento ofrece distintas actividades como clases de gimnasia, de baile, palestra, música, sin olvidar el spa y las instalaciones con las que cuenta. Esto los llevó a cambiar la categoría y pasar a ser Llao Llao, Resort, Golf & Spa.

A lo largo de sus años, el Llao Llao fue elegido por famosos y personalidades ilustres. Presidentes de distintos países del mundo eligieron visitarlo, y a pesar del despliegue de seguridad y trabajo que implicaba, la firma siempre estuvo a la altura.

“Nos enorgullece mucho que además de las visitas de celebridades, haya famosos y gente reconocida que elige venir al Llao Llao en completo silencio, simplemente por elección, porque saben y conocen la calidad del servicio que brindamos”, destacó Nora.

Así, 80 años después de su creación y con los vaivenes que tuvo en su haber, el Llao Llao además de hotel, se convirtió en un sello distintivo de Bariloche, en la postal elegida para la clásica foto, como sucede con el mismo lago Nahuel Huapi o el famoso Centro Cívico.

Fuente: www.anbariloche.com.ar 

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